viernes, 5 de marzo de 2010

El podólogo Jorge Castoldi redime de culpa y cargo a las mujeres

Para ellas, la moda está primero.

Una investigación señala que el 60% de las mujeres compran los zapatos que les gusta, sin importarle los riesgos que corre su salud. Ellas explican que les resulta muy difícil conseguir calzados adecuados. En tanto, los especialistas dicen que este fenómeno se debe a que la industria estandarizó las hormas.


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EN LAS ALTURAS. Los caprichos de la moda no siempre tienen en cuenta la salud de sus destinatarias.


Quien tenga la habilidad de Carrie Bradshaw en "Sex and the city" para perseguir taxis y correr tras el hombre de sus sueños, que tire la primera piedra. O mejor dicho, el taco de su sandalia. Es cierto que caminar a 10 o 15 centímetros del suelo estiliza las piernas y hasta eleva la autoestima, pero a riesgo de caer de rodillas en la vereda o de provocar todo tipo de lesiones, que van desde una simple ampolla hasta un par de robustos juanetes.

Sin embargo, ninguna amenaza hace mella entre las mujeres que prefieren salir elegantes y a la moda, antes que cómodas y saludables. Un estudio publicado por The New York Times señala que el 60% de las mujeres elige zapatos que causan dolor. Ellas no lo desmienten, pero tampoco encuentran ninguna solución. "Soy alta, tengo el pie delgado y largo, y no hay zapatería que venda algo que me quede bien. Si compro del 40, se me salen, y el 39 me queda chico", protesta Marcela Rivadeneira, de 27 años.
Por el contrario, Sonia Aguilar, que es empleada de comercio, tiene el pie ancho y le cuesta mucho encontrar calzado de su horma. "Calzo 35 y mi pie es grueso. La mayoría de los zapatos me ajustan en el empeine y las sandalias con tiritas me hacen ver las estrellas. Sólo me salvan las ojotas y las zapatillas de horma ancha, que para colmo son las más caras y las que menos me gustan. Por mi trabajo debo estar todo el tiempo parada detrás de un mostrador, y cuando no doy más, me saco los zapatos por un rato y atiendo descalza", cuenta con picardía. Claudia Condorí, en tanto, se siente condenada a usar zapatos de medio punto, pero son muy pocas las marcas que los fabrican así.

Cuestión de formas

¿Por qué no hay zapato que venga bien? El podólogo Jorge Castoldi redime de culpa y cargo a las mujeres, y carga las tintas contra la industria del calzado. "Hace algunas décadas, había seis medidas de distinto ancho por cada número, entonces siempre había una alternativa para el cliente. Hoy la fabricación está estandarizada y cada número viene de un solo ancho, por eso cuesta tanto encontrar el calce correcto. Si una mujer calza 36 o 37 y tiene el pie muy ancho, se ve obligada a aumentar el número del calzado, a veces hasta el 39, por lo que le sobran tres o cuatro centímetros de largo en la puntera", ejemplifica el ex presidente del Colegio de Podólogos Universitarios.
La podóloga Ana Lelia de Alcover también cuestiona la confección. "Usted va a Europa y el zapato calza como un guante. Pero en nuestro país no hay un control de calidad de las hormas que salen de fábrica que garantice las medidas anatómicas", afirma.
Además de las razones industriales, hay otras cuestiones. "Cada pie es diferente y es imposible encontrar un zapato que no roce en ningún lado. Después de varias horas es inevitable sentir molestia o dolor. Por eso en Estados Unidos mucha gente va al trabajo en zapatillas y cuando llega se pone los zapatos, de esta manera se sufre menos, porque el pie necesita descansar en algún momento del día. Yo siempre aconsejo alternar el calzado durante el día", recomienda la especialista.
A pesar de los consejos de los profesionales y entendidos, la moda siempre aparece delante de la salud. "La gente no le da importancia a lo que dicen los médicos. La mujer baja siempre va a usar tacos altos por más que sepa que pone en riesgo su columna. Nadie busca la comodidad, sino lo que le queda bien", reconoce Alberto Santori, antiguo empleado de una zapatería. "Muchos vendedores se valen del deseo irresistible de la mujer de comprar un par que le gusta aunque le quede demasiado apretado. Y la engañan diciéndole que el calzado se va a ablandar con el uso. Eso es mentira. Si se trata de un zapato bueno, de cuero, puede ser que se amolde después de varias horas en la horma del zapatero, pero si es de cuero ecológico, como le dicen ahora al vinílico, no hay posibilidad de que se modifique el tamaño", advierte.
Sea como fuere, las mujeres no parecen dispuestas a sacrificar la moda y la belleza en pos de la comodidad o la salud. Ya lo dice el viejo refrán: "lo que es moda no incomoda".

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